EARTH CHARTER
 
 
Breve historia sobre la Iniciativa de la Carta de la Tierra

La Carta de la Tierra es una declaración de los pueblos sobre la interdependencia global y la responsabilidad universal que expone los principios fundamentales para la creación de un mundo justo, sostenible y pacífico. En ella se identifican los retos críticos y las soluciones a los que se enfrenta la humanidad en el Siglo XXI. Sus principios están diseñados para servir como “fundamento común por el que se deberá guiar y evaluar la conducta de las personas, organizaciones, empresas, gobiernos e instituciones transnacionales” (Preámbulo de la Carta de la Tierra).

La Carta es el resultado de un diálogo intercultural sobre valores comunes y principios compartidos que se inició en los años 90 a nivel mundial y duró toda una década. Este diálogo ha sido el proceso de consulta más abierto y participativo que se haya realizado jamás en torno a la redacción de un documento internacional, lo que le confiere su primordial fuente de legitimidad como guía ética.
 

I. Orígenes de la Carta de la Tierra

Entre las muchas recomendaciones incluidas en Nuestro Futuro Común (1987) —informe de la Comisión Mundial sobre Medio Ambiente y Desarrollo (CMMAD)— se encontraba la iniciativa para crear una “Declaración Universal sobre la Protección Ambiental y el Desarrollo Sostenible” en la forma de una “nueva Carta” cuyos principios guiaran a las naciones en la transición hacia el desarrollo sostenible. Basándose en esta recomendación, Maurice F. Strong, Secretario General de la Cumbre de la Tierra (Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, celebrada en Río de Janeiro en 1992), propuso que se redactara y se adoptara la Carta de la Tierra mientras se desarrollaba dicha Cumbre. Durante el proceso preparatorio de la misma se celebraron consultas intergubernamentales sobre la Carta de la Tierra, pero no se logró un acuerdo intergubernamental con respecto a sus principios. La “Declaración de Río” que promulgara la Cumbre contuvo una valiosa serie de principios pero no satisfizo el aspecto de la visión ética inclusiva que mucha gente había esperado encontrar en la Carta de la Tierra.

Por lo tanto en 1994, Maurice Strong, como presidente del Consejo de la Tierra, se unió a Mikhail Gorbachev, que a su vez ejercía como presidente de Cruz Verde Internacional, y juntos participaron en el lanzamiento de una nueva Iniciativa de la Carta de la Tierra. Fueron Jim McNeill, Secretario General de la CMMAD, la Reina Beatriz y el Primer Ministro de los Países Bajos, Ruud Lubbers, quienes reunieron a los Sres. Strong y Gorbachev. El gobierno holandés ofreció el apoyo financiero inicial. El plan trazado fue dirigir la iniciativa de la sociedad civil y redactar una Carta que expresara el consenso que estaba tomando forma dentro de la sociedad civil mundial emergente, en torno a los valores y los principios para un futuro sostenible.

Mohamed Sahnoun, Embajador de Argelia, fue el primer Director Ejecutivo del proyecto de la Carta de la Tierra durante 1995, mientras se ponía en marcha un nuevo proceso internacional de consulta y de investigación en los ámbitos de la ética ambiental, el desarrollo sostenible y el derecho internacional. Asimismo, se estableció una Secretaría de la Carta en el Consejo de la Tierra, con sede en Costa Rica y bajo el liderazgo de su Director Ejecutivo, Máximo Kalaw, de Filipinas. En 1996, se nombró a Mirian Vilela, de Brasil, coordinadora de las actividades de la Carta dentro del Consejo de la Tierra. A finales de ese año se estableció una Comisión para que supervisara el proceso de redacción de la Carta. Los Sres. Strong y Gorbachev presidieron conjuntamente la Comisión constituida por 23 personalidades ilustres de todas las principales regiones del mundo. La Comisión invitó a Steven C. Rockefeller, profesor de los Estados Unidos en las áreas de religión y ética, a presidir y a establecer el Comité Internacional de Redacción. El proceso de redacción, iniciado en enero de 1997, requirió un total de tres años.

Cientos de organizaciones y miles de personas participaron en la creación de la Carta de la Tierra. Se establecieron 45 Comités Nacionales de la Carta de la Tierra y se condujeron diálogos en todo el mundo y a través de Internet, así como conferencias regionales en Asia, África, Centro y Sudamérica, Norteamérica y Europa. El concepto y los valores de la Carta recogen la influencia de una gran variedad de fuentes intelectuales y movimientos sociales. Incluye además, la sabiduría de las religiones del mundo y de las grandes tradiciones filosóficas además de una nueva perspectiva científica mundial que se estaba forjando a través de la cosmología y la ecología, entre otras disciplinas. Se debe considerar la Carta de la Tierra como el resultado del movimiento ético global que inspiró la Declaración Universal de Derechos Humanos que conquistara un amplio apoyo durante la década de los 90. El Comité de Redacción trabajó estrechamente con la Comisión sobre Derecho Ambiental de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) y revisó cuidadosamente todas las declaraciones y tratados relevantes del derecho internacional, además de 200 declaraciones de la sociedad civil y tratados de los pueblos. La Carta de la Tierra se fundamenta en el derecho ambiental internacional y en el del desarrollo sostenible, y los amplía. El documento expresa las preocupaciones y aspiraciones formuladas en las siete Cumbres de la ONU sobre medio ambiente, derechos humanos, población mundial, la infancia, las mujeres, el desarrollo social y los asentamientos humanos, que se llevaron a cabo en la década de los 90. La Carta reconoce la importancia que tiene la diseminación de la democracia participativa y deliberativa en el desarrollo humano y la protección ambiental.

El texto final del documento —que se aprobó durante una reunión de la Comisión de la Carta de la Tierra en marzo del 2000, en la sede de la UNESCO en París— contiene un preámbulo, 16 principios principales, 61 principios de apoyo y una conclusión titulada “El Camino hacia Adelante”.

El Preámbulo afirma que “somos una sola familia humana y una sola comunidad terrestre con un destino común” y en este sentido la Carta anima a todas las personas para que de acuerdo a la situación o capacidad de cada uno/a, asuman la responsabilidad que todos compartimos en aras del bienestar de la familia humana, la gran comunidad de la vida y las futuras generaciones.

La Carta de la Tierra corrobora la interrelación que existe entre los problemas ambientales, económicos, sociales y culturales de la humanidad y por ello su marco ético es inclusivo e integral. Los títulos de las cuatro secciones en las que se dividen los principios señalan el alcance de estos conceptos: I. Respeto y Cuidado de la Comunidad de Vida; II. Integridad Ecológica; III. Justicia Social y Económica; y IV. Democracia, No Violencia y Paz. La Carta de la Tierra se identifica con una serie de actitudes y valores ampliamente compartidos, que pueden fortalecer el compromiso con sus principios éticos. El documento culmina con una visión de paz y una jubilosa celebración de la vida.
 

II. La Iniciativa de la Carta de la Tierra: Del 2000 al 2005

La segunda fase de la Iniciativa de la Carta de la Tierra comenzó con el lanzamiento formal de la Carta en junio del 2000 en el Palacio de la Paz, en La Haya. Posteriormente, la Comisión de la Carta de la Tierra transfirió las responsabilidades de supervisar la Iniciativa y de recaudar fondos al Comité Directivo, de reciente creación. Dicho Comité se compuso por varios miembros de la Comisión además de otros recientemente incorporados.. La Comisión conservó su autoridad con respecto al texto de la Carta y sus miembros continuaron ofreciendo su asesoramiento y apoyo a la Iniciativa a nivel individual.

En el año 2000 se designó a Mirian Vilela como Directora de la Secretaría de la Carta de la Tierra en la Universidad para la Paz (Costa Rica). Durante los cinco años siguientes se tradujo la Carta a 40 idiomas y se recibió el respaldo de más de 2.500 organizaciones, quedando representados de este modo los intereses de cientos de millones de personas. Entre las organizaciones que han respaldado la Carta de la Tierra se encuentran la UNESCO, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), el Consejo Internacional de Gobiernos Locales para la Sostenibilidad (ICLEI, en inglés) y la Conferencia de Alcaldes de los Estados Unidos. La Carta de la Tierra ofrecía una visión general de excepción sobre los elementos esenciales del desarrollo sostenible y de la paz mundial, y en poco tiempo ya se estaba utilizando ampliamente como recurso didáctico en escuelas, institutos, universidades y en programas de educación no formal.

Se hicieron grandes esfuerzos para obtener el reconocimiento formal de la Carta de la Tierra durante la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sostenible celebrada en Johannesburgo, en el 2002. Diversos líderes mundiales y jefes de Estado, así como numerosas ONGs que asistieron a la reunión, promulgaron declaraciones públicas en apoyo a la Carta de la Tierra durante su celebración. Aunque la versión final de la Declaración de Johannesburgo no se refiere explícitamente a la Carta, sí confirma el tema fundamental de la misma puesto que, tomando prestado el lenguaje de la Carta, señala que “declaramos nuestra responsabilidad mutua con la gran comunidad de la vida y con nuestros hijos”.

Hasta la fecha se han seguido realizando esfuerzos para conseguir el reconocimiento formal de la Carta de la Tierra por parte de la Asamblea General de la ONU.

Para el año 2005 la Carta ya se había reconocido ampliamente como una declaración consensuada a nivel mundial respecto al significado de la sostenibilidad, el reto del desarrollo sostenible y los principios para lograrlo. Se estaba utilizando asimismo como base para diversas negociaciones de paz, como documento de referencia para el desarrollo de modelos, normas y códigos de ética globales, como recurso para la gobernabilidad y para distintos procesos legislativos, como herramienta para el desarrollo comunitario, y como marco de referencia para programas educativos sobre el desarrollo sostenible. La Carta también supuso una influencia muy importante en el Plan de Implementación del Decenio de las Naciones Unidas de la Educación para el Desarrollo Sostenible, y en este sentido la CTI estableció una alianza de trabajo con la UNESCO para promover el Decenio.

En el año 2005, el Comité Directivo emprendió una importante evaluación estratégica del progreso alcanzado y de las fortalezas y debilidades de la Iniciativa. El proceso incluyó tanto una revisión interna como externa. La evaluación externa estuvo a cargo de Alan AtKisson, consultor internacional en el campo del desarrollo sostenible. Esta extensa evaluación sobre la Iniciativa de la Carta de la Tierra llegó a la conclusión de que, entre el 2000 y el 2005 había sido mucho lo que se había logrado y que el éxito futuro de la Iniciativa dependía de una reorganización administrativa estratégica de largo alcance. Este proceso culminó con una importante conferencia sobre la Carta de la Tierra en los Países Bajos que fue respaldada por el Comité Nacional Holandés para la Cooperación Internacional y el Desarrollo Sostenible (NCDO). La conferencia reunió a más de 400 líderes y activistas de la Carta y en la misma se anunció la decisión del Comité Directivo de designar a Alan AtKisson como el nuevo Director Ejecutivo de la Secretaría de la Carta de la Tierra. Al Sr. AtKisson se le confirió la responsabilidad de gestionar el proceso de transición de la Iniciativa hacia una tercera fase.

En esta misma conferencia, la editorial KIT cuya sede se encuentra en Ámsterdam, publicó el libro dirigido por Peter Blaze Corcoran, Mirian Vilela y Alide Roerink, titulado “La Carta de la Tierra en Acción: Hacia un Mundo Sostenible”. Esta publicación contiene 60 ensayos de líderes de la Carta de la Tierra y de personas que la respaldan en todo el mundo. La obra ofrece una valiosa visión general sobre el significado de la Carta y sus actividades.
 

III.   La Iniciativa de la Carta de la Tierra: Del 2006 a la fecha

En el año 2006 se reorganizó la Secretaría de la Carta de la Tierra y surgió la Carta de la Tierra Internacional (CTI). Asimismo se estableció un nuevo Consejo de la CTI compuesto por 23 miembros (con el fin de reemplazar al Comité Directivo y supervisar los programas básicos de la CTI) y un reducido personal. Steven Rockefeller, de los Estados Unidos, Razeena Omar, de Sudáfrica, y Erna Witoelar, de Indonesia, resultaron electos como Copresidentes de este nuevo Consejo de la CTI. Además se abrió un nuevo Centro de la Carta de la Tierra para Comunicaciones y Planificación Estratégica en Estocolmo, Suecia. La anterior Secretaría de la Carta de la Tierra en la Universidad para la Paz se transformó en el Centro de la Carta de la Tierra para la Educación en el Desarrollo Sostenible. El Consejo de la CTI adoptó una nueva misión y objetivo de la Carta y comenzó a desarrollar nuevas estrategias y políticas para esta tercera fase.

Los gobiernos nacionales comenzaron a adquirir compromisos aún más firmes y formales con la Carta de la Tierra. El Ministerio de Medio Ambiente de Brasil suscribió un acuerdo formal con la Secretaría de la CTI y con el Centro para la Defensa de los Derechos Humanos de Petrópolis —cuyos fundadores son Leonardo Boff y Marcia Miranda— con el fin de promover la Carta en todos los sectores de la sociedad brasileña. Del mismo modo, durante una celebración presidencial del Día de la Tierra en el 2007, las Secretarías de Educación y de Medio Ambiente de México adquirieron públicamente un compromiso para utilizar la Carta de la Tierra como instrumento educativo en el sistema escolar mexicano. Otros gobiernos estatales y locales iniciaron o fortalecieron igualmente sus compromisos públicos formales para adoptar, utilizar e implementar la Carta, tales como el Estado de Queensland en Australia y la República de Tatarstán, de la Federación Rusa, y ciudades como Calgary (Canadá), Munich (Alemania), Nueva Delhi (India) y Sao Paulo (Brasil).

Durante los años 2006 y 2007 el número de organizaciones que avalaron la Carta de la Tierra ascendió a 4.600 y el número de visitantes de su página de Internet comenzó a experimentar un apasionante aumento, llegando a casi los 100.000 por mes. Asimismo, se forjaron nuevos programas en los ámbitos de la religión y la empresa. Por su parte, la Iniciativa Juvenil de la Carta de la Tierra continuó ampliándose y en la actualidad ya hay grupos en 23 países. De igual modo la cantidad de afiliados ascendió a 97 en 58 países. La Carta de la Tierra comenzó a adquirir mayor relevancia en asuntos relacionados con la política a medida que la dimensión global de distintos problemas, como el del cambio climático, destacaban la interdependencia existente y la necesidad de tomar acciones colectivas. Se invitó a la CTI a participar en una conferencia internacional sobre cooperación interreligiosa para la paz, cuya organización estuvo a cargo del Presidente de la Asamblea General de la ONU.

En el 2007 y como resultado de un taller intensivo sobre planificación estratégica de largo alcance, que fuera conducido por Oscar Motomura durante tres días en las dependencias de Amana-Key, Sao Paulo, Brasil, el Consejo de la CTI puso en marcha una nueva estrategia de “Política de Descentralización el Crecimiento Progressivo”. Gracias a ésta se podría aumentar de manera espectacular el grado de participación activa dentro de la Iniciativa, sin necesidad de ampliar la administración central. Se elaboraron las nuevas "Directrices para la Acción" con el propósito de ofrecer un marco y un mecanismo de coordinación para esta actividad descentralizada, dirigida a promover la Carta de la Tierra e implementar su visión.

Con el fin de dedicarle más tiempo a su empresa consultora y a otros proyectos afines, Alan AtKisson dejó su puesto como Director Ejecutivo de la CTI a finales del 2007 habiendo dedicado dos años a gestionar la transición hacia la tercera fase de la Iniciativa de la Carta de la Tierra. El Sr. AtKisson continúa su relación con la CTI en calidad de asesor. Se designó entonces a Mirian Vilela como Directora Ejecutiva de la CTI y la sede de la Secretaría fue de nuevo el recinto de la Universidad para la Paz en Costa Rica, junto con el Centro de la Carta de la Tierra para la Educación en el Desarrollo Sostenible. Asimismo, Erna Witoelar dejó su puesto de Copresidente y se eligió a Brendan Mackey para que ocupara esta vacante.

La Carta de la Tierra sigue creciendo internacionalmente sirviendo de inspiración para emprender acciones ya sea dentro del marco educativo como del legislativo. Por un lado, ejerce como documento de ley internacional blanda, o como documento de referencia para el desarrollo de políticas, legislación, normas y acuerdos internacionales. Por otro, el respaldo o el aval a la Carta de la Tierra enfatiza en la práctica el compromiso que se adquiere con el documento y además puede usarse como herramienta de evaluación. Y además, la política de descentralización prepara el terreno para una rápida expansión de las actividades relacionadas con la Carta de la Tierra en el plano mundial.

Al hilo de este enfoque, el Consejo de la CTI ha adoptado un plan estratégico a largo plazo que ha supuesto la creación de seis grupos o líneas de trabajo que a su vez darán lugar a novedosas actividades en apoyo a la Carta de la Tierra dentro de las áreas de Empresa, Educación, Medios de Comunicación, Religión, Naciones Unidas y Juventud.